La Segunda división B se ha remodelado. No la composición de grupos sino lo más importante, la forma de ascender. Siempre se ha dicho que el salto de la categoría de bronce a la de plata ha sido más complicado que el de Segunda a Primera división. Una verdad absoluta ya que, partiendo de que en el fútbol quien manda es la pelota (si no entra, no se gana, si no se gana, no se sube...) una extraordinaria inyección económica en Segunda división hará más factible el ascenso que en el supuesto de que llegara a un club de Segunda B.
Hasta ahora la configuración del ascenso de división de Plata se articulaba repartiendo a los dieciséis primeros clasificados en cuatro grupos (un primero, un segundo, un tercero y un cuarto) que, a modo de semifinales y final (todo a doble partido y emparejando primero con cuarto y segundo con tercero) optaban a una plaza de ascenso.
Ese sistema, que sustituyó en la temporada 2002/03 al de liguilla entre los cuatro equipos de cada grupo, también ha quedado obsoleto. Al menos así lo han entendido los representantes de los equipos de Segunda B que esta misma semana han decidido reinventar (copiando, eso sí, a Argentina) la fórmula para ascender.
Dos son las conclusiones. La primera es que, con buen criterio, se premia a los campeones de grupo de manera que dos de los cuatro líderes durante la liga regular darán el salto de categoría que se enfrentarán entre sí en una primera ronda. Y con dos plazas en juego menos entrarán a luchar el resto de equipos y los dos campeones que caigan en esa primera ronda que tras las sucesivas cribas alcanzarán una final a cuatro en la que los dos finalistas lograrán el ascenso.
La segunda conclusión, que se desprende de la anterior, es que ascender será más caro que nunca si no se es campeón y, sobre todo, mucho más caro. Se condena a los equipos a aumentar gastos en un play off de ascenso más largo y más duro que, además, obutvo un amplio rechazo.












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