El Barça de Rijkaard pasó este marte a la historia y con él lo hará el propio entrenador holandés que tiene ya sus horas contadas en el banquillo del Camp Nou. Las paradojas del fútbol hacen que después de, probablemente, sus dos mejores partidos de la temporada, Frank Rijkaard haya perdido todos los puntos de apoyo que le mantenían con vida en la entidad blaugrana. Cruel pero real. Dos años sin títulos son toda una condena a muerte en cualquier gran club de Europa. Y el Barça, por supuesto, lo es. Pero venido a menos.
Venido a menos porque un grande no puede tirar la Liga , hacer el ridículo jornada a jornada, permitir a su jugador (o ex jugador) franquicia campar a sus anchas al margen del grupo, hipotecar un año y jugárselo a cara y cruz en una eliminatoria de Liga de Campeones.
Superada la eliminación el Barça regresará a la cruda realidad este fin de semana ante un Valencia en recuperación, anímicamente fuerte tras el triunfo en la Copa del Rey y, sobre todo, con la recuperada paz en el vestuario tras la salida de Koeman. Y el Barça se dará cuenta entonces de que todos los planes previstos para la pretemporada se le han truncado. La previa de la Champions, para la que se clasificará salvo hecatombe final, obligará a dejar a un lado peregrinas giras (quizá no sea tan mala idea) para asegurarse un puesto el próximo curso en la elite del fútbol nacional.
Y con semejantes obligaciones el mercado de fichajes, tanto de jugadores como de entrenador, exigirá al Barcelona un esfuerzo extra. Con el caché maltratado desde el pasado mes de septiembre, los azulgranas dejarán de convertirse en el destino predilecto de los grandes nombres que optarán por soluciones más atractivas.
La limpia se presume profunda. Edmílson, Sylvinho, Ezquerro y Thuram finalizan contrato y tienen imposible su renovación. A ellos se les unirán algunas de las vacas sagradas del club como Deco y Ronaldinho a los que se podría unir el francés Thierry Henry.
Diego Alves y Cesc Fábregas son los dos primeros nombres que han sonado como futuribles refuerzos culés pero primero el Barça tendrá que atar la Champions. Cuatro triunfos en cuatro partido, incluido el choque ante el Real Madrid, sería una buena forma de pedir perdón a una afición maltratada. Pero esto es el Barça y semejante solvencia sólo tiene un precedente en liga. Entre las jornadas 4 y 7 se sumaron cuatro triunfos.
Escaso bagaje para seguir siendo un grande.












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