Spiga

Un lustro en el barro

El fútbol riojano se sigue conformando con la pedrea. Cinco años conviviendo con los premios menores que otorga un grupo propio de Tercera división y una pertinaz incapacidad para progresar en el panorama futbolístico nacional. Cinco años sin que ningún equipo riojano opte a hacerse un hueco en el fútbol profesional nacional es demasiado tiempo para una afición que, durante los últimos 30 años ha convivido entre la Segunda división B y la Primera con un impás forzoso en Tercera.

Los recuerdos de los buenos momentos acaban en la temporada 2002/03. Fue el punto y final al sueño del retorno. La fase de ascenso, con cambio de entrenador de por medio, se le complicó al Logroñés que vio como el premio de jugar en división de plata voló hasta Cádiz. Antes, dos temporadas, el Calahorra también soñó, pero no quiso (o eso dicen).

Este año el barro volverá a teñir el fútbol de La Rioja. Los más argumentarán que tendremos tres equipos en División de Honor (Balsamaiso, Varea y, probablemente, Valvanera), que Logroñés y Logroñés CF (si lo consiguen) seguirán un año más en Segunda B, que cuatro equipos han luchado (quizá alguno lo consiga) por subir a Segunda B... Es como la lotería de navidad. Todos nos lanzamos como locos para buscar en la inmensa lista del día después (o en internet, el mismo 22 de diciembre) si tenemos el consuelo de la pedrea.

Así hartos ya de tanta pedrea, el aficionado al fútbol ha ido dejando a un lado su compromiso (voluntaria y gustosamente aceptado) quincenal con Las Gaunas, para ocupar esos 90 minutos en actividades más fructíferas. No es de extrañar. Lo raro es que al Logroñés sigan acudiendo un millar largo (pero poco) de fieles a la causa (que no a su líder).

Aficionados al fútbol siempre habrá, pero en Logroño cada vez son más los que optan por el verdadero fútbol (el que se ve en la tele) y olvidan el local. Han sido sacados casi a punta de pistola del Municipal por la incompetencia de gestores (políticos y deportivos) y, como diría el mítico José María García, abrazafarolas, que han habilitado que otros deportes (lease balonmano) acaparen un protagonismo que, en otro tiempo, no hubieran tenido.

El consuelo de este año está en saber que a peor no se puede ir. O sí. Siempre podrían descender los dos equipos regionales de Segunda B, siempre podrían desaparecer y forzar una refundación desde Regional...

Quizá esta, aunque no sea compartida, sería la mejor de las opciones...