Spiga

Simbiosis o muerte

Entre la espada y la pared. Así está el fútbol riojano. Una temporada más los equipos riojanos de Segunda B, el techo futbolístico a que estamos condenados desde hace tiempo los aficionados, van a completar un curso para olvidar. Se les llena la boca durante la pretemporada hablando de ilusión, de proyecto, de inversión, de expectativas... Mentiras.

La realidad vuelve a ser la de siempre. La única solución del fútbol regional es la reconciliación, el diálogo, los acuerdos. Todo lo que no pase por un proyecto único, con apoyo de la afición, con respaldo de las instituciones, está condenado al fracaso más absoluto.


Logroñés y Logroñés CF se lanzan dardos, entran en pugnas más allá de los deportivo, se ven en los juzgados, se miran mutuamente por encima del hombro y no se dan cuenta de que son entes simbióticos, condenados a retroalimentarse o a morir por separado. Unos tienen el dinero, otros tienen la afición. Lo primero, sin lo segundo, no sirve. Y la afición, sin liquidez e inversión, acabará marchándose harta de mentiras y falsedades.


La hora de la verdad parece que se aproxima. Más de uno desea que el año que viene en Segunda B la representación riojana corra a cargo del Anguiano, del Alfaro, del Haro o del Calahorra (o de los cuatro, si es posible), pero que Logroño, que durante mucho tiempo se ha mirado el ombligo erigiéndose en el cenit futbolístico de la región, pierda sus dos equipos.

Sería, probablemente, la mejor solución. El futuro del LCF en tercera es imposible. A lo sumo se podría quedar en un club de relleno que, como el Fundación tras Navidad, competiría dignamente sin más afán que el que ofrecer una oportunidad a jóvenes riojanos. El del Logroñés, el del histórico, pasa también por la desaparición. De momento se alimenta del ánimo de unos cuantos que siguen fieles al histórico pero no se merecen semejante castigo. Engañados durante muchos años ya se han dado cuenta de que con Hortelano, el futuro del Logroñés es negro. Muy negro. La única manera de acabar con él parece ser que es dándole la espalda.

Hasta que eso no ocurra, el madrileño seguirá engañando a todos los que pueda. Sin Hortelano, sin Eduardo Blanco, sin Logroñés, sin Logroñés CF, todo sería más fácil. Sólo hace falta que uno y otro demuestren su valentía, renuncien a convertirse en los salvadores del fútbol riojano y dejen que savia nueva y no corrompida consiga, de una vez, que Logroño recupere un hueco en la elite del fútbol nacional.

Habrá que seguir esperando