El futuro del Caja Rioja se llama Jesús Sala. Pasado, presente y futuro para un equipo que desde la llegada del madrileño vive el que probablemente sea el momento más dulce de su historia. Pese a su juventud (30 primaveras contemplan al 'boss' del Caja Rioja') ha sabido lidiar, sobre todo en sus primeros años, con un vestuario que le hacía, semana sí, semana también, la cama en una especie de 'guerra civil' por asumir el control del equipo.
Tuvo muy claras las cosas entonces y la paz se firmó a base de traspasos poco entendidos por la afición y renovación del bloque. Lo que muchos pusieron en duda entonces es aplaudido por la mayoría ahora. Sigue habiendo críticos (dónde no los hay) que apuestan por su salida.
Tendrán que esperar para ver un relevo en el banquillo del club. En un deporte donde los 'cortes' de jugadores y entrenadores están a la orden del día, Sala es la excepción. Dos años más recorrerá las tripas del Palacio de los Deportes después de una renovación presumida por todos pero que este jueves adquirió oficialidad. Dos años para asumir, al menos, un reto. Llevar al Caja Rioja a la antesala de la ACB, la liga LEB Oro.
Acostumbrado a lidiar con presupuestos no cortos, escuálidos, Sala ha demostrado que su permanente análisis del mercado, sus horas invertidas en la red, y sus tardes viendo una y otra vez vídeos de cualquier división, de cualquier liga, de cualquier país, es todo un aval para hacerse un hueco en el baloncesto nacional.
Pero el salto de categoría exige no sólo dedicación. Al trabajo del técnico madrileño se le tendrá que sumar un apoyo económico de las instituciones y de la empresa privada. Siendo, por número de licencias, el segundo deporte de la región, aquel que se atreva a apostar decididamente por el baloncesto, acertará. En LEB Oro el Palacio de los Deportes se quedará vacío y su monopolio llegará a su fin.
Ya falta menos.












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