El deporte en La Rioja es cuestión de individualidades. Sólo así somos capaces de celebrar triunfos. Todo lo demás, todo lo que a deportes colectivos se refiere, está plagado en los últimos años de sonoros batacazos. Tanto que sólo el ascenso del antes Darien y ahora Naturhouse a la liga ASOBAL da lustre a la progresiva degeneración del deporte colectivo profesional.
El tema del Logroñés, el histórico, es complicado. Poco se le puede exigir a un equipo que navega entre embargos, amenazas de desaparición y que su futuro está ligado en los últimos años al capricho de su propietario, Juan Hortelano. Condicionados pues al éxito o fracaso de sus negocios particulares (así lo reconoció en una entrevista el supuesto propietario del club), suficiente hace un grupo de jugadores que, como el club, están condenados a vivir en los números rojos gracias a la inestimable colaboración de su jefe, experto en eludir y demorar pagos y obligaciones.
Lo más frustrante es lo del Logroñés CF. Nacido casi, casi a punta de pistola para forzar la desaparición de los blanquirrojos, el CF ha ido dando bandazos en Segunda B para, con uno de los presupuestos más aseados de la categoría, hundirse irremediablemente en el pozo del descenso. Este año huele peor que nunca. Este año el Logroñés CF tiene más papeletas que nunca para regresar a Tercera división en lo que presumiblemente sea su última presencia en el fútbol nacional. Un descenso dejaría tocado de muerte a una entidad que sigue careciendo de algo imprescindible en esto del fútbol, afición.
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Y es que la actitud de Eduardo Blanco, salvando las distancias, se puede comparar con la de José María Aznar durante la guerra de Iraq. El segundo tenía un país en contra y él, erre que erre, invadió de la mano de sus amigos estadounidense y británico. Blanco, por su parte, sigue alimentando a un equipo que se desangra. Este fin de semana el medio centenar de aficionados del Barakaldo presentes en Las Gaunas dejaron claro que ellos solitos consiguieron dar más colorido al partido que los 150 del club local.
Si tras casi cinco años en Segunda B el equipo no es capaz de superar los 200 espectadores en Las Gaunas en un partido en el que el club se juega gran parte de su futuro, es como para empezar a plantearse qué está pasando. Pero la ignorancia es, muchas veces, la mejor de las opciones para evitar reconocer un fracaso.
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