Spiga

El dibujo animado dice adiós


Romario se va. Con 42 años el delantero brasileño ha decidido poner fin a una carrera marcada por su calidad dentro del campo y su pertinaz presencia en cualquier rincón que oliera a fiesta.
Será recordado, para bien o para mal, según el caso, por muchos. Sobre todo por sus rivales y entre ellos por Alkorta (vídeo), que aún anda buscando restos de su cadera en los fosos del Camp Nou. Su cola de vaca al vasco aún está en la retina de las 100.000 almas que vieron aquel mítico (y ahora añorado) 5-0 al Real Madrid.

En sus botas el Dream Team conoció la magia. Tanto que Jorge Valdano, merengue de corazón, no tuvo más que admitir su calidad y lo hizo con una de las frases más reproducidas y que mejor ha plasmado la versatilidad de 'O Baixinho': "Romario es un jugador de dibujos animados", dijo el argentino de verso fácil.

Junto a esa faceta, la del quiebro imposible, la del gol inesperado, está la otra. La polémica. Obsesionado hasta la extenuación por ganar el debate Romario-Pelé, algo que le costó su expulsión del Fluminense en 2004, después de intercambiar varios insultos con su entrenador, Alexandre Gama, quien no avaló semejante osadía, se ha 'arrastrado' por medio mundo en busca de su gol 1.000.

Lo logró, después de semanas de intentos fallidos, el 21 de mayo de 2007. El 'honor' de encajar el milésimo gol de Romario fue el Recife
(aquí el vídeo). El partido se paró para arrancar el pertinente homenaje. Era lo que Romario quería. Rompía una barrera que sólo Pelé había franqueado y los cuatro dígitos en su cuenta de goles (muchos de ellos en amistosos) le permitían, ahora sí compararse con 'O Rei'.

Las mujeres han sido su otra obsesión. La combinación mujer hermosa y fiesta era, para el brasileño, garantía de éxito. Su rendimiento, lejos de perder enteros, parecía crecer cuanto mayor fuera la resaca y más larga hubiera sido la noche. Así, sólo las directivas más estrictas, las que apostaban por un Romario disciplinado y ordenado en su vida personal, fueron las que, esporádicamente, le apartaban del fútbol.

No tenía remedio. Su alevosa nocturnidad era su esencia. Y las mejores esencias, como la suya, siempre van en frasco pequeño.