Spiga

Dos euros dan para mucho

El Levante acaba de cambiar de manos. Lo ha hecho después de que su máximo accionista, Pedro Villarroel, haya cedido el 51 por ciento de las acciones del club a su presidente, Julio Romero. El precio: baratito. Un euro ha desembolsado Romero para hacerse con la mayoría de las acciones.

Parece que el objetivo perseguido por vendedor y comprador es la supervivencia del club. Personaje incómodo en el Ayuntamiento valenciano, Villarroel ha sido capaz de llevar al Levante de la nada a la élite 40 años después pero, eso sí, a costa de una gravosa factura. Sea como fuere, el caso es que ahora se ha reconocido a sí mismo como un obstáculo insalvable en el camino del Levante y se ha marchado vendiendo gran parte (que no todas) sus acciones.

Y esto recuerda, salvando las distancias, al Logroñés. Si incómodo ha sido Villarroel en Valencia, igual de molesto es Juan Hortelano en el Logroñés. A diferencia de su homólogo (por lo de máximo accionista, que no presidente) en la capital del Turia, el madrileño fue el beneficiario de una venta simbólica. Desembolsó (si es que lo hizo, que nunca se sabrá) un par de euros, y empezó a jugar como el que se compra el PCFútbol.

Pero no le ha salido bien. Sin la solvencia económica necesaria, el que otrora fuera ciclista (extremo éste también por confirmar) se ha convertido en un mal jefe de filas, un pésimo gregario y un lastre demasiado gravoso para el histórico Logroñés. Todo por dos euros. Y también a diferencia de Villarroel no ha sabido reconocer cuando el reloj marcaba su salida. Ha tenido ofertas de todo tipo. Hasta de sus propios jugadores. Y a todas ha dicho que no. Nadie sabe, o todos conocen, el porqué de su insistencia y su amor al cargo e incluso al club, pero lo cierto es que dos euros le han dado demasiado protagonismo.

En Valencia, la marcha de Villarroel se perfila como la mejor opción para que el Levante siga siendo un club viable. En Logroño la permanencia de Hortelano es el gran aval para que el fútbol continúe desangrándose.